LILLE, Francia (Reuters) - "Estos son los tres estómagos gigantes de Lille".
Entre el zumbido de maquinarias y el olor a hojas de otoño en putrefacción, Pierre Hirtzberger explica cómo tres gigantes fermentadores convierten desechos alimenticios, recortes de césped de parques y jardines y restos de escuelas y hospitales en gas metano para hacer funcionar cerca de un tercio de los autobuses de la ciudad francesa.
"El proceso es exactamente el mismo que en el estómago de una vaca", dijo el funcionario, haciendo un gesto en dirección a tres bio-digestivos que contienen cada uno 20.000 litros cúbicos de basura licuada en descomposición.
"El objetivo es alimentar 100 de los autobuses de Lille con este biogas, de una flota total de 350", dijo a Reuters Hirtzberger, director de investigación y desarrollo de desechos urbanos de la ciudad.
De San Francisco a Malmo, Suecia, las ciudades de todo el mundo se están preparando para un nuevo imperativo: acomodar la masa del crecimiento y prosperidad de la población mundial, sin acelerar más la liberación de dióxido de carbono que pone en riesgo su existencia.
Con la mitad de la población mundial viviendo ya en ciudades y con el pronóstico de que la población urbana alcanzará los casi 5.000 millones para el 2030, no sólo es el crecimiento lo que las pone al frente del cambio climático.
Incluso si las poblaciones emigran a los centros urbanos escapando de la sequía, el hecho que un 60 por ciento de 39 de las mayores metrópolis del mundo están ubicadas en zonas costeras las pone en riesgo para los siglos venideros, debido al aumento de los niveles marítimos.
Luz solar y desechos harían funcionar las ciudades del futuro | Titulares | Reuters
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