Algunos sectores y medios de comunicación sólo hablan de las energías renovables para criticar las primas. Están sin duda preocupados al constatar que España, al igual que Europa, se dirige inexorablemente a un escenario en el que las renovables tendrán una participación cada vez mayor en la generación eléctrica. De hecho en 2008 representaron el 21% de la electricidad en nuestro país, por delante de la nuclear y del carbón, y en 2009 pasarán del 25%. Resulta lógico que un país, tan privilegiado como éste en recursos solares, eólicos y de biomasa, apueste por formas de generación con menores emisiones de CO2, que disminuyan nuestra vulnerabilidad energética y protejan de los impactos negativos de las subidas incontrolables del petróleo.
Hay que reconocer que esos sectores energéticos fósiles han sabido gestionar la comunicación para instalar en la opinión pública la imagen de que las energías renovables son muy caras y están subvencionadas. Y, efectivamente su impulso está soportado por las primas del Régimen Especial que reportaron a las plantas de energías renovables 2.600 millones en 2008. Por cierto, el gas natural también recibió primas de casi 800 millones a las plantas de cogeneración y las ayudas al carbón nacional suponen 2.500 millones en los Presupuestos. Las primas acumuladas por las energías renovables son incomparablemente menores que, por ejemplo, los incrementos en el recibo de la luz por la moratoria nuclear, los CTC que recibieron las compañías eléctricas, o los apoyos públicos dirigidos a la exploración y distribución de productos petrolíferos.
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