Las directivas europeas desde 2007 no han dejado de repetir que la dependencia de los combustibles fósiles y el CO2 son la principal amenaza energética y de seguridad. Las inversiones para anticipar los impactos negativos del actual mix energético con tecnologías bajas en carbono son viables y deben marcar las prioridades para una transición a través de la innovación energética de la generación descentralizada y autosuficiente.
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