España es el único país del entorno sin regulación específica ni incentivos fiscales para la minieólica y el Código Técnico de la Edificación que la Administración no supervisa lastra la térmica
Javier Aldecoa.- No va más. Se han cansado de ser las ‘cenicientas’ de las energías renovables. El biogás y la biomasa repudian los ‘apellidos’ prestados que el propio Miguel Sebastián les impuso para defender el ‘tentetieso’ de Industria en el registro de pre-asignación y la ausencia de incentivos hasta que llegara 2010. Le beben los vientos a la eólica y la solar: comparten con ellas la orfandad de un marco regulatorio más allá de 2012, poco más. Y apuran los calendarios. Hasta ahora, esperaron. Vieron llegar -por la puerta de la urgencia y sin aviso- el decreto 661/2007 de registro de preasignación, confeccionado a medida para controlar la especulación en sectores más desarrollados como el fotovoltaico y con él, la minieólica, el biogás o la biomasa, heredaron unos niveles de exigencia “desproporcionados” -la patronal dixit- que aún no han podido digerir. Industria las ha relegado en el desván del olvido, el de la regulación, el de los incentivos y el de las primas, pero sacarán los colores del ministro ante Bruselas. Sebastián se ha resguardado hasta ahora en el ‘laissez faire’ con las renovables. Más aún con las ‘olvidadas’.
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