Con cautela, con miedo, con incertidumbre, con muchas expectativas. Con mucho que ganar por delante. La energía termosolar se enfrenta a sus años decisivos en España y en el resto del mundo. Es el tema más candente en el sector.
Por poner en situación a cualquier lector que nunca oyó hablar de esto, la energía solar termoeléctrica es, por supuesto, una fuente renovable. La tecnología se basa en concentrar el calor del sol a través de unos espejos en un líquido que, de distintas formas según la tecnología elegida, terminará produciendo vapor de agua. Ese mismo vapor mueve una turbina y produce electricidad o alimenta una máquina.
Las plantas termosolares son mucho más grandes que las de sus hermanas fotovoltaicas. Hay muy pocos que se decidan a construir una que tenga una potencia menor a 50 MW. Es una tecnología cara (sacar adelante una central de este tipo cuesta entre 200 y 400 millones de euros) pero valiosa y prometedora. Su desarrollo tecnológico le permite una particularidad especial: es gestionable porque la energía producida puede almacenarse. No se pierde, como le puede ocurrir a la eólica. Así, puede seguir abasteciendo incluso de noche.
Sin embargo, pese a que, desde hace meses, los entendidos en renovables esperan el boom de la termosolar, éste no acaba de producirse. Ni se producirá. A la fiebre termosolar se le han aplicado varios paños de agua fría que han impuesto la cautela entre los promotores.
sábado, abril 25, 2009
Paños fríos para la energía termosolar en Cincodias.com
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